El hombre de al lado: Un ataque a la moral burguesa
“El primer hombre a quien, cercando un terreno, se le ocurrió decir: Esto es mío y halló gentes bastantes simples para creerle fue el verdadero fundador de la sociedad civil”. Así intenta explicar Rousseau el origen de la desigualdad entre los hombres. Y así parece ser también el planteo que dio inicio a la película recientemente estrenada “El hombre de al lado”. Un estreno donde el humor ácido abre paso a un debate sobre la propiedad privada, el espacio público y los límites entre una y otra.
Dirigida por Mariano Cohn y Gastón Duprat, “El hombre de al lado” acaba de ser estrenada mundialmente en el marco de la Competencia Internacional World Cinema del prestigioso Festival de Sundance. Recibida con entusiasmo por el público allí presente, la película fue caratulado como incómoda e intensa a la vez. Y, no caben dudas, de que son los temas que toca a lo largo de su trama, los que le permiten generar una sensación de vergüenza ajena y propia en sus espectadores.
Con una medianera que separa un terreno y otro como eje de la historia, “El hombre de al lado” desarrolla el conflicto que surge en la relación entre dos vecinos. Las diferencias y la transgresión al espacio privado se tornan en un problema que no tardará en convertirse en tragedia. Sin escenas de acción pero siempre acompañada con la sensación de que todo está a punto de explotar, la película cuenta con la excelente actuación de Rafael Spregelburd y Daniel Aráoz.
Cuestionarse por qué la otredad se nos presenta como una amenaza, por qué el derecho a la intimidad parece estar tan intrincado en cada uno de nosotros, es, sin duda, lo que lleva al espectador a entrar en una tensión constante con la película. Y en esto reside, claramente, su virtud. En la posibilidad de abrir un espacio crítico y de cuestionarnos aquello que ya se encuentra naturalizado.
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