Nominada a tres premios Oscar –en las ternas Mejor Película, Mejor Actriz y Mejor Guión Adaptado-, “Enseñanza de vida” logra reflejar, casi a la perfección, la cultura inglesa de los años sesenta.
Inmersas en una etapa de posguerra donde el conservadurismo se alzaba en su cúspide, las vidas de quienes vivieron esta época se encontraban marcadas por la austeridad y la monotonía. Nada había más que el trabajo y la comida, y la depresión de Gran Bretaña parecía no tener escapatoria alguna. Aún así, los primeros años de los sesenta no fueron sino un trampolín para los inicios de una década que, de a poco, fue librándose de convencionalismos.
Basada en las memorias de Lynn Barber, “Enseñanza de vida” puede llegar a entenderse como una metáfora de la época. Pueden, incluso, las vidas de sus protagonistas llegar a interpretarse como una metáfora de un tiempo de transición.
Buenos actores y un espectacular paisaje. No fue suficiente, sin embargo, tal combinación para que la película dirigida por Peter Billingsley sobrepasara las expectativas de un público que, sin lugar a dudas, esperaba algo más de esta nueva comedia romántica.
Si bien en nuestros cines, “Sólo para parejas” se estrenará recién el jueves 28, ya es posible acceder a un crítica internacional que no deja el menor rastro de optimismo sobre ella. Entre decepcionadas y conformistas, las opiniones no auguran un futuro demasiado alentador para una película que, claramente, podría haber aprovechado mejor sus recursos.
Con una trama liviana y, la mayoría de las veces, forzadamente cómica, “Sólo para parejas” comienza cuando Jason (Jason Bateman) y Cynthia (Kristen Bell), una pareja en crisis, deciden poner su relación en manos del terapista matrimonial Marcel (Jean Reno).
Debiendo trasladarse a la paradisíaca isla de Bora Bora para realizar el tratamiento, Jason y Cynthia convencerán a tres parejas amigas de unirse al viaje para así conseguir un descuento en su programa de terapia. Una vez allí, sus amigos descubrirán que para disfrutar de los entretenimientos que ofrece la isla, será necesario que también sometan su matrimonio al misterioso terapeuta.
Así, involucrados en métodos no convencionales e inesperados, las parejas de Lucy (Kristen Davis) y Joey (John Favreau), Dave (Vince Vaughn) y Ronnie (Malin Akerman), y Shane (Faizon Love) y Trudy (Kali Hawk) descubrirán aspectos problemáticos en sus respectivas relaciones que jamás habían notado.
Quizás no sea tan pésimo que las escenas graciosas sean tan pocas como superficiales, sino que a esto se suma el intento por incluir a la fuerza escenas reflexivas sobre la vida en pareja que, si bien con pretensiones de profundidad, resultan ser vagas y triviales.
“Sólo para parejas” es, entonces, una película sólo recomendable para quienes, sin poner muchas expectativas en juego, desean disfrutar de un momento de distracción. Light y superficial, para pasar el rato y para nada más.
Son pocas las oportunidades que el cine al que estamos acostumbrados ofrece para explorar la historia de países que se alejan de la cultura occidental. Es por eso que el mero hecho de que una película como Invictus salga a la luz, es suficiente razón para considerla interesante.
Si a esto sumamos que el nuevo drama será dirigido por, nada más y nada menos que el talentoso Clint Eastwood, quizás sean pocas las excusas que queden para evitar verla.
Basada en el libro de John Carlin “El factor humano”, Invictus nos invita a conocer un momento clave de la historia de Sudáfrica. A descubrir cómo el triunfo de este país en el Mundial de rugby de 1995 no se redujo a un mero hecho deportivo y, en cambio, se transformó en el ícono del fin del apartheid.
Con Morgan Freeman encarnando a Nelson Mandela y Matt Damon representando la figura de Francois Pienaar, el capitán de la selección surafricana de rugby, Invictus hace hincapié en la convicción y el esfuerzo que el presidente hizo por lograr su meta: unir a su país. O, en otras palabras, terminar con la segregación racial que desde 1948 habían impuesto por ley los colonizadores holandeses.
En un país donde la unión parecía imposible de alcanzar, Mandela supo utilizar lo que solía ser un símbolo de racismo, el rugby, para unir a blancos y negros en una sociedad que vivía desde hace muchos años dividida por el odio y las diferencias.
Si bien hoy en día, aún somos testigos de la vigencia del racismo, tanto en Sudáfrica como en nuestra sociedad, no podemos dejar de reconocer el increíble logro de un presidente que no sólo prometió hacer algo por su país sino que también lo hizo.
Invictus logra, así, retratar un momento de la historia sudáfricana que caló hondo en su población. Y que, sin dudas, no puede dejar de ser un ejemplo para todos.